Buscaba mi alma en la obscuridad la luz de un nuevo fuego. Semilla fértil, agua para beber. Y en cada sitio que recorrí me deslumbraba un fulgor pero despúes no había nada. Entonces alguien me habló de El creí saberlo ya, ajena seguí mi caminar y al darme cuenta que no era así dejé mi orgullo atrás, me despojé de la duda le seguí. Y Cristo, mi vida a ti la prueba, venció por mi. No hay nada que abata mi sentir, he nacido de nuevo. No temo, fuerza me da para seguir. Su manto ha puesto sobre mi. J
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