Cuántas veces siendo niño te recé, con mis besos te decía que te amaba. Poco a poco con el tiempo, alejándome de Ti, por caminos que se alejan me perdí por caminos que se alejan me perdí. Hoy he vuelto, Madre, a recordar cuántas cosas dije ante tu altar y al rezarte puedo comprender que una Madre no se cansa de esperar que una Madre no se cansa de esperar. Al regreso, me encendías una luz, sonriendo desde lejos me esperabas. En la mesa, la comida aún caliente y el mantel y tu abrazo en mi alegrí
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