Perdía tanta sangre, doce años de dolor y cada día iba peor. En manos de doctores, gastó todo su haber y nada podía hacer. Había escuchado hablar sobre Jesús por detrás se le acercó. Entre la multitud su manto le tocó pues ella pensaba así: coro: Con que solo toque su manto sanaré, sanaré con que solo toque su manto sanaré, sanaré Ya no corría sangre, la fuente se secó curada por su fe quedó. Había alcanzado, del cuerpo del señor la gracia de su sanación. Jesús el nazareno pasa hoy aquí de él em
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